
El organismo internacional que aglutina a las principales economías desarrolladas, la OCDE, ha emitido un demoledor informe: en noviembre España albergaba 4,4 millones de parados, lo que equivale a una tasa de desempleo del 19,4%, más de diez puntos por encima de la media de los países analizados, situada en el 8,8%. Y, lo más paradójico, se trata de un umbral que el Gobierno no espera reducir ni siquiera este nuevo año, para el que prevé una tasa de paro del 18,9%, al margen de las previsiones oficiales.
En el terreno de las comparaciones es donde se aprecia la gravedad del desempleo de España. En este sentido, habría que juntar todos los parados de Francia, 2,9 millones, y de Canadá, 1,5 millones, para alcanzar una bolsa de desempleo similar a la española. O si se quiere, los de Japón, con 3,4 millones de desempleados, Australia y la República Checa, con 653.073 418.000 parados, respectivamente. Asimismo, sólo sumando los parados de Alemania 3,2 millones, Portugal, con 566.000, y Hungría con 449.000, se alcanzaría un volumen similar al español.
Con este panorama, el futuro que se espera para 2.010 no es excesivamente halagüeño, ya que según todos los expertos se necesita que el PIB crezca a niveles superiores al 1,4% para que la economía genere puestos de trabajos, y sólo cuando alcance niveles en torno al 3,06% el número de parados descenderá.